El cáncer de próstata es el segundo tumor más diagnosticado en hombres a nivel mundial y cada año afecta a más de un millón de personas, según datos internacionales. A pesar de su alta incidencia, continúa siendo un tema que muchos evitan abordar, lo que retrasa controles médicos y dificulta la detección temprana, clave para mejorar el pronóstico.

Especialistas coinciden en que, si bien existen factores que no pueden modificarse —como la edad, los antecedentes familiares o determinadas mutaciones genéticas—, el estilo de vida cumple un papel relevante en la reducción del riesgo. Entre las conductas con respaldo científico aparece un dato que suele generar curiosidad: la frecuencia de la eyaculación.

Un estudio de la Escuela de Salud Pública de Harvard, publicado en la revista European Urology, realizó el seguimiento de más de 31.000 hombres durante 18 años. Los resultados indicaron que quienes reportaron 21 o más eyaculaciones mensuales presentaron aproximadamente un 20% menos de riesgo de desarrollar cáncer de próstata en comparación con quienes registraron entre 4 y 7 por mes. El efecto observado se vinculó principalmente a tumores de bajo riesgo.

Los investigadores plantean como hipótesis que la eyaculación regular podría contribuir a eliminar sustancias potencialmente dañinas acumuladas en la próstata. Sin embargo, aclaran que aún no se conocen con precisión los mecanismos biológicos implicados y que no se comprobó un impacto protector frente a formas agresivas o avanzadas de la enfermedad.

Más allá de la vida sexual activa, las recomendaciones médicas incluyen otros hábitos respaldados por evidencia:

Alimentación equilibrada

Dietas con alto contenido de grasas saturadas y ultraprocesados se asocian a mayor riesgo. En cambio, el consumo de frutas, verduras, pescado, frutos secos y alimentos ricos en antioxidantes puede tener un efecto protector. También se aconseja moderar las carnes cocidas a temperaturas muy elevadas.

Actividad física y peso saludable

El ejercicio regular fortalece el sistema inmunológico y ayuda a controlar la inflamación. La obesidad, en cambio, se vincula a formas más agresivas del tumor y a peores resultados clínicos.

Evitar el tabaco

Fumar no solo incrementa el riesgo de múltiples enfermedades, sino que también se relaciona con mayor probabilidad de recurrencia y metástasis en casos de cáncer de próstata.

Conocer los antecedentes familiares

Tener padre o hermanos con diagnóstico previo aumenta el riesgo. En algunos casos, pueden estar involucradas mutaciones hereditarias específicas, por lo que la consulta médica y la eventual realización de estudios genéticos pueden resultar fundamentales.

En todos los escenarios, los controles periódicos ocupan un lugar central. El examen físico y el análisis del antígeno prostático específico (PSA) permiten detectar alteraciones en etapas tempranas, cuando las opciones terapéuticas son más efectivas.

Hablar del tema sin tabúes, incorporar hábitos saludables y realizar chequeos médicos regulares continúan siendo las herramientas más sólidas para reducir el impacto de una enfermedad que, detectada a tiempo, ofrece altas posibilidades de tratamiento exitoso.